Necesitaba un sitio. Un sitio para escribir de sentimientos confundidos y encarcelados con ganas de salir, para pensar al menos cinco minutos en ti o en la vida, para que se acuerden de ti, de mi y de tantos sentimientos, un espacio para los recuerdos y los que nunca llegarón a serlo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

El olvido de tu débil recuerdo.

Todavía recuerdo el aroma del café recién hecho sobre sus manos, 
los paseos de media noche, las cartas de abril. 
Ellas, que persisten, 
grabadas a fuego lento, recorriendo mi piel.
Al contrario de aquellas voces, que gritaron promesas al viento
para luego olvidarlas, con cada anochecer.

Como la dulce mirada de una niña en Vietnam,
al caminar sobre los restos de su hogar, 
o la sonrisa del soldado que la derrumbo. 

El día en el que al otro lado del mundo,

una cama amaneció desecha,
en una fría habitación.
Donde no quedaban restos de amor,
pero si los botones de 
una camisa que una noche convirtió un cuerpo en dos.

Quizás cuando apostaste demasiado,
por alguien que no te supo amar.
O las mentiras que aquel día un hombre dejo sobre tu colchón.

De las prisas de hoy, de las dudas de siempre.
De historias eternas que acaban, 
sin que importe tanto el culpable.


De los rincones del pasado, 
que nos miran día a día.
Recordando que hace tiempo,
alguien dejo marcadas en cicatrices,
todas las esquinas.

Pero ya no queda sitio,
no hay mas hueco para ti.

Olvidando historias inacabadas,
para no llenar los huecos de palabras,
que hoy, 
sin miedos, 
sobran.

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