Necesitaba un sitio. Un sitio para escribir de sentimientos confundidos y encarcelados con ganas de salir, para pensar al menos cinco minutos en ti o en la vida, para que se acuerden de ti, de mi y de tantos sentimientos, un espacio para los recuerdos y los que nunca llegarón a serlo.

martes, 31 de diciembre de 2013

Otro año que se despide para nosotros.

La verdad es que este año ha sido uno de los más complicados que recuerdo.
Con demasiadas situaciones tristes y momentos difíciles de los que poder salir.
Momentos en los que todo se derrumba y las fuerzas desaparecen.
Pero de los que sin duda hay que aprender.
A levantarse de nuevo cada día, con esperanza, y luchando más que nunca.
Y es esto una de las cosas por la que brindaré esta noche, por no dejar que todos esos problemas y esas cosas acaben con nuestras sonrisas y sueños.
Y en este frío treinta y uno de diciembre de dos mil trece, me atrevería a decir que he madurado como persona.
He dejado atrás recuerdos y situaciones que mantenía por dentro, sin el temor a sentirme vacía ante el pasado.
He sido capaz de pasar página. De olvidarme de todas mis preocupaciones y dilemas morales y salir a flote con una mano detrás y una mano delante, con coraje y las personas que han formado parte en este capítulo de mi vida;
A los que les debo cada sonrisa, por haber sabido animarme cuando más lo necesitaba, por haber estado conmigo incluso en los peores momentos.
Hoy también brindaré por todo lo que he aprendido.
En estos doce meses me he dado cuenta que para querer a alguien, primero hay que quererse a uno mismo. Que es una pérdida de tiempo recordar a alguien que no merece la pena. Y que la vida es demasiada corta para perderla con orgullos, miedos, prejuicios y nostalgias.
También he dejado de creer en el amor, bueno, en el amor que yo creía antes.
Lo he dejado atrás para creer en el amor de verdad, ese que te empuja a hacer las cosas que nunca fuiste capaz de hacer, que te hace romper todas las reglas y todos tus principios.

Este año he tenido bastantes momentos especiales. Y a veces han conseguido hacerme sentir única. He aprendido a valorar (aún más) la importancia de los pequeños detalles, y de la magia de algunas personas. He conocido a personas que han sabido ser imprescindibles, y imprescindibles, que por desgracia, han dejado de serlo.
De despedidas definitivas para aquellos que perdieron su hueco. Y de bienvenidas a todos aquellos que volvieron.
De volver allí, donde solíamos gritar. De viajes, de cumpleaños, de incendios, de nieve (y calor), de chocolate, de noches reversibles, de estaciones de tren, de primeras veces, de teatros, de encuentros y reencuentros,de ilusiones nuevas, de música, de abrazos interminables, de atardeceres, de vodka, de tacones, de romper las reglas, de besos con sabor a caramelo, de nosotros, de acordes, de casualidades, de la luna, de películas, de margaritas, de lluvia, de semáforos en rojo.
De recuerdos, de el , y de todas las cosas que llevan su nombre.
Y de Números dieciséis, como no.
Porque hoy por quinto año consecutivo , no se repetirá la rutina de siempre.
Esa rutina llena de horas de camisa y corbata.
Esta noche no , esta noche será diferente. Tendremos un cubierto menos que añadir a la mesa, un recipiente de uvas menos que no se pondrá , una copa de champán Chandon que quedará vacía , y un " Feliz año año nuevo, papá " que quedará silenciado entre el sonido de las doce campanadas.
Esta noche no. Esta noche no me verás prepararme desde primeras horas de la tarde , ni sonará de tu voz " La princesa más guapa de la casa ".
Esta noche no, esta noche me quedaré con las ganas de compartir una foto con nuestras mejores sonrisas , de un beso , de un abrazo.
Pero hoy tras la doceava campanada acompañada del estallido de " Feliz año nuevo dos mil catorce " , dedicaré mi deseo a los recuerdos .
Para que no se olviden , para que todos y cada uno de ellos formen parte de ti y de mi , y de este frío año que comienza una vez más sin nosotros. Dedicaré cada segundo a recordarte y a regalarte por navidad " te quieros " envueltos en cajas de regalos con un lacito rojo.
Ya sabes , como siempre.
Y hoy, treinta y uno de diciembre de dos mil trece , alzaré la copa y brindaré por los sentimientos, y por todas y cada una de las personas que ya no están , por las personas que ya no volverán a entrar por esa puerta, ni volverán a sentarse en este dos mil catorce a la misma hora y en el mismo sitio de siempre.
Por todos los dieciséis y por supuesto por el.
Para que siga cuidándome desde allí arriba.
Como siempre.
Por todos los momentos se puede decir que este dos mil trece, ha sido uno de los años más difíciles de mi vida. Con sus altibajos y depresiones, como le pasa a todo el mundo.
Pero he sabido superarlo casi todo. Y hoy estoy orgullosa de mi misma.
Aunque supongo que no hubiesen tenido tanto sentido sin esas personas que me hacen ser tan incoherentemente feliz. Esas personas que han llegado a mi vida y han sabido regalarme sonrisas en mis días más tristes, y me han acompañado y apoyado en la locura más grande.
Por eso agradezco los momentos en los que he reído, en los que he arriesgado, por la amistad y por los momentos en los que me he sentido realmente viva.
Que Compensan cualquier cosa, os lo aseguro.
A él, a ellos, a ella y a ellas,
incluso a muchos de los que han pasado por aquí,
Gracias, gracias por hacer de este año un capítulo inolvidable,
y por enseñarme lo bonito que es vivir.

Feliz Dos Mil Catorce, a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario